Mostrando entradas con la etiqueta Historias sueltas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historias sueltas. Mostrar todas las entradas

Una Visita al Hospital

Hace dias que estoy con un dolor y ardor en la boca del estomago y sentia un bulto en esa parte. Fastidia bastante y jode porque si cargo algo, me arde más y empieza a doler mas. y olvidate si voy a cagar, si pujo algo, siento que se me abre el pecho. de repente y hasta me salia el alien.

Entonces mi chata me dice que vaya al medico y sugiere de la manera mas cariñosa del mundo: "dejate de gaferas y mañana vamos al hospital de la solidaridad". asi cualquiera. bueno, entonces fuimos al dichoso hospital, bien temprano. eran las 7 de la mañana, pero había más gente que en un partido del descentralizado. despues de pagar 8 soles por la cita, hicimos cola. digo hicimos, porque mi chata se aseguró que no dejaria de ir al hospital y fue conmigo. bueno, esperamos, y esperamos. despues de dos horas, me atendieron.

El doctor era una persona mayor, y mi primera impresión fue que era alguien bien serio. pero luego que empecé a contarle mis males, y mi chata a agrandarlos y acusarme de no saber cuidar mi cuerpo, me dijo que me sentara en la camilla. me revisó. y me dijo que era gastritis. nada mas.

A pesar que le dije que me preocupaba el bulto no me hizo caso. pero volvi a intentarlo y cometi un error. parece que el venerable doctor se picó por mi insistencia y tomó mi barriga con sus manos y la zamaqueó una y otra vez. "pero con esta panzota que problemas no vas a tener, esto te va a enfermar. si asi estas, imaginate a los 40".

Me quede callado porque tenia razón y lo escuché decirme nuevamente que solo era gastritis, pero como me vió que queria seguir hablando del bulto, me dijo que me daria una orden para una ecografia. y que volviera con los resultados.

Al dia siguiente estuve antes de las7 en la cola de la ecografía, me sacaron la ecografia y llevé los resultados al doctor. los vió. y dijo que tenia problemas con un higado un poco mas grande lo normal, y un meteorismo. ¿Juaaaat? Es decir que tenia muchos gases dentro mio. tenia que convertirme en un pedorro para curarme. ahora tengo que gastar mas de 120 soles en las pastillas que me recetó, y tomar manzanilla a litros para curar mi hígado, y disparar por mi trasero todos los meteoros que tengo almacenados.

Cacería

Él corría a través del campo. Su cuerpo cada vez se hacia mas pesado, más torpe, mas pesado. De su pierna caía un hilo de sangre que dejaba un rastro que sus perseguidores seguían incansables. Era rápido, pero la herida en la pierna le restaba agilidad, y la pérdida de sangre la sentía como un lastre que se le prendía del cuerpo.

Su perseguidor lo acechaba, lo tenía casi en sus manos, no le quitaba la vista de encima, le impedía descansar, le obligaba a seguir corriendo, tenia que hacerlo, estaba sangrando, y eso lo debilitaría a cada segundo, facilitándole su labor, que era matarlo, un poco mas.

Podía sentir su respiración, que era muy calmada, en comparación con la suya que cada vez era mas agitada, más penosa, como si el aire conspirara contra él. Percibía su mirada en su nuca, omnipresente, cada vez más terrible, más insensible.

La emoción que sentía lo embargaba tanto que parecía que volaba detrás de su presa. Allí estaba, apenas a unos metros, a punto de caer, pero siempre con una tétrica sonrisa en sus labios le concedía unos metros más, unos segundos más para que su terror aumentara, y que fuera peor que la herida que tenía en su pierna.

Resbaló, pensó que era el fin, pero no trastabilló y una fuerza extraña que le salió desde muy adentro lo levantó, y le permitió seguir corriendo. Volteo a ver, el estaba atrás suyo. La pierna empezó a punzar, y la sangre seguía saliendo.

Salto una roca, y se deslizó entre dos árboles, acercándosele cada vez mas, ya se cansaba del juego, y tenia que volver a casa. Pero, piso una roca que tenia una mancha roja, la sangre de su objetivo. Y resbalo, cayendo aparatosamente, llevo la mano derecha al cinto, hacia su revolver; mientras la izquierda le servia de apoyo.

Volteo, “¡resbaló! resbalo, ¡se cayó!”, pensó mientras lo miraba caer, y lo seguía mirando, “me escape, miserable, no me alcanzaras”, ganaba metros, lo dejaba atrás a su cazador, y a la muerte. Pero no se dio cuenta que al frente, adelante, estaba un árbol, cuando volteo con una sonrisa, se estrello con el. No fue tan fuerte el golpe, pero si la sorpresa que lo inmovilizo.

Estaba en el suelo, y ya tenia su revolver en la mano, increíblemente él estaba inmóvil, fijo, de espaldas a él. No había tiempo de pensarlo. El cazador apretó el gatillo.

En internet, con una falsa Susana

Cerró la boca. Y casi se traga, junto con su orgullo, a toda ella. Lucho habia ido a una cabina publica de internet y cuando estaba navegando una chica que de pronto apareció le pregunto que como se entraba a internet. Justo estaba que bostezaba y por el roche tuvo que cerrar la boca como pudo. Y como pudo recuperó la voz, ayudándola. Era simpatica, algo alocada constataría despues. “Ay, es que recién empiezo”, decía; “Si, claro y a mi me interesa un montón.”, pensaba Lucho.

Seguía navegando, encontró una pagina interesante, era una que trataba sobre hacking, seguridad informatica y esas cosas que le interesaban, y cuando iba a empezar a leer, la vocecita de la chica de al lado lo sobresalto tanto que cerró la ventana. “Maldita sea, la conch…”, dijo entre dientes. La chica desentendida le preguntó si podía ayudarle a grabar un documento que tenía en su monitor. Una sonrisa coqueta (“propia de Susanita”, pensó) lo convenció de que no había porque molestarse.

Ayudó a la falsa Susana, y siguió leyendo su página.

Lucho en la casa de Susana

Lucho iba a la casa de Susana Chávez a estudiar siempre que podía, "Susanita la bonita", le habría corregido la coqueta de su amiga. Y es que Susanita, era la chica más coqueta con la que uno podría encontrarse en este mundo.

Era tan cariñosa, tan amiguera, como había dicho Edson Farro - el único hombre cuya estado natural era estar enfermo - "Susana tiene una vida social increíble", y era tan calentona que por mas que uno no tuviera malos pensamientos ella los provocaba. Y tenia tan buen cuerpo…ya el chino Ríos - no el tenista chileno, sino uno de los compañeros de la universidad de Lucho - tenia su frase para ella: "ese culo me enferma". Y no había el que no decia que era una "calientahuevos".

Y a Lucho también le enfermaba, ese trasero, esa parte de atrás. Y allí estaba, media hora después de que Susana con voz melosa y coquetísima ella, le pedía, "Ya pues Luchito, ¿estudiamos juntos?, tienes que venir porque tienes que enseñarme, por favor no seas malo". Y Lucho haciéndose el cansado, el interesante, Lucho el malvado, para después de unos instantes decirle que si que ya iba. "Ya Luchito, entonces nos vemos.", y él "ya Susi, nos vemos.", maldiciéndose por no poder negarse, y a la vez pensando, "cuanto tiempo me duraras ahora, Susi". Y es que Susanita se quedaba dormida a las dos horas de empezar a estudiar. Para ella no era el estudio. "Ay, es que yo no sé que me pasa, Luchito. Por mas que quiero no puedo quedarme despierta.", y Luchito palteado por que el se quedaba con todos los libros y Susanita durmiendo bien tranquila frente a él, y ahora empezaba a distraerse con la enfermedad del chino Ríos, por que Susana se había enrollado como un ovillo en el mueble para dormir mas cómoda y cómo se su deliciosa parte de atrás.

Y Lucho entre los libros y la parte de atrás de Susanita, y unos pensamientos que se le prendían de la cabeza y los libros y mañana el examen, y Susanita que se quedo dormida, y su parte de atrás que se nota un montón. "Y que buena que estas Susanita", pensaba Lucho, "y al diablo con el examen, yo también voy a dormir antes que te viole."

Y en ese momento la criminal de Susanita que se levantaba y le decía "Luchito!", por que ella siempre le decía Luchito, solo le decía Lucho o Luis cuando el se pasaba de listo o se molestaba. Y a todos sus amigos les decía su nombrecito, les ponía su "ito", toda coqueta, simpaticona, la Chávez, porque ella era así, y nadie la iba a cambiar. Y eso decía Lucho, y pedía que nunca cambie. Aunque ahora la maldecía porque ya se dormía y la Chávez que se despertaba y le decía todo seria, pero en broma, "no te duermas Luchito, tienes que estudiar", y Lucho de la cólera y del sueño no le decía nada.

La chica de la tienda

Ya la había visto antes, total siempre iba a esa tienda. Era chata, y tenía un lindo rostro con unos ojos color caramelo que le gustaban mucho.

Un día la invitó a salir,ella accedió si iba con una amiga, él lo pensó bien, podía decirle que sólo quería salir con ella, pero si le decía eso, la chica se podía sentir presionada o acosada en el peor de los casos. Aceptó la condición, salieron a comer un ceviche. Los tres.

La amiga era un poco antipática, hablaba poco, y la mayor parte de cosas que sólo entendía ella, él estaba perdido. Pero trató de jalar el tema de la conversación hacia un tema más conocido por él. Al terminar, se despidieron, el se quedó entre tonto y buena gente, pero se presumió asimismo de haber podido saltar la valla de la amiga antipática.

Al día siguiente volvió a encontrarla. Le sonreía de modo diferente a los otros días. Casualmente le sugirió que podían salir otra vez. Eso le alegró mucho. Espero pacientemente un par de días y volvió a invitarla.

Ella volvió a pedir que fuera con su amiga. Esta vez él se resistió un par de veces, antes de ceder y volvieron a salir los tres. A comer ceviche, una cervecita también. La amiga antipática estaba menos predispuesta a malograr la salida.

Al terminar, pensó que quedaba entre buen amigo y proyecto de algo más que amigo. Sentía que avanzaba, pero no quería acercarse demasiado como amigo, sino todo saldría mal.

Tercer intento: la invitó a cenar. Esta vez ella no dijo nada de su amiga. Eso era lo que él esperaba. Fueron a un restaurante donde pidieron parrilla y conversaron acerca de Julio César, Cleopatra y Marco Antonio. Ella se declaró romántica y él por no quedarse atrás dijo que en ocasiones se podría morir de amor. Tal vez por ella.

Ella abrió sus ojos caramelo y lo quedó observando antes de seguir hablando de Cleopatra. Bajó los ojos y dejó de hablar de la reina de Egipto para decirle que le parecía conocerlo desde hace años. Eso causó que él tuviera dificultades para pasar el trozo de carne que en ese momento estaba en su boca. Ella siguió hablando sin levantar la mirada, diciendole que él era el tipo de hombre que le gustaba, pero que la confundía mucho, él no podía pasar el trozo de carne y no podía responder. Lo logró, y le tomó de la mano.

Le dijo que ella le gustaba mucho, y que quería conocerla mejor, ser mucho más que un amigo. Cuando ella levantó la mirada, se dió cuenta que tenia los ojos caramelo inundados de lágrimas. Se levantó y se fué corriendo del restaurante. Parecía una escena de una telenovela. No le dolió que lo dejara solo mientras los demas comensales lo miraban extrañados, seguramente algo le pasaba y él tenía que averiguarlo, porque ella le importaba.