Poema 545646354654

te encontré, al fin, hoy te tengo

te soñé tantas veces, a mi lado

bese mil labios para tratar de conocerte

he atravesado distancias

han pasado años para hallarte

te encontré, al fin, hoy te tengo

te encontré, al fin, hoy te tengo

y ahora, después de tanto

al fin de miles de historias

lo único que te digo, al oído y muy bajito, es:

“Cómo te extrañe¡”

Poema 644446323

a veces parece que me odias, a veces que me amas

hay ratos en que debo gritarte para que recuerdes que vivo estoy

que mi corazón y mi ilusión, no viven sino en tus ojos

hoy te reclamo, por mí, por ti, que no quieres decir nada

que no me quieres ni el saludo dar, que no me quieres

que fue, que hice, todavía no es tarde, nunca es tarde

vas a volver me preguntas, pero tu huyes de mí

cuando me equivoque, cuando te hice esa herida

que te duele tanto, tanto como a mi no creo

Merezco esto, lo nuestro merece olvidarse, es justo?

Hoy te busco y no te encuentro, que extraño, antes no eras así

Hoy te encuentro en cada cosa, en cada canción, pero a ti, a ti no te encuentro.

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Hoy me siento de lo peor y sé que puedo estarlo aun más
Señor cantinero, una mas por favor, no me la niegue
Es mi derecho, ya soy mayor de edad
Solo quiero una mas

No puedo negarlo, quiero largarme, me quiero emborrachar
Pues la mujer que quiero, no sé por donde andará
Estoy extrañándola y borracho la he de olvidar

En el borde

A veces ocurre que no entendemos para que estamos en este mundo y queremos desaparecernos. Simplemente vemos al mundo como a través de un cristal, como si fuera una mala película. Miramos hacia delante y no vemos nada. En eso estaba pensando al borde del puente. Hacia frío pero no me importaba aun cuando siempre había sido friolento. Eso iban a decir de mi, era friolento, era callado, “era”, porque saltaría y pasaría del feo “soy” o “es” al calmado y muerto “era”. La ciudad era gris y no era una gran ayuda para mi estado de ánimo. Eran las dos de la madrugada, y la garúa y la niebla me daban aun más tristeza que la razón que me impulsaba a suicidarme. ¿Mi Familia? Quién sabe que estarían haciendo. La verdad que sentía que les había fallado. Allí estaba yo, al borde del puente mirando el río casi seco donde mi cuerpo se estrellaría. Tenía que hacerlo bien, no quería quedar agonizante abajo sufriendo interminablemente hasta que alguien me encontrara y me llevara a un hospital donde me devolverían la salud, mi melodramática salud, si es que lo hacían, y a la vida horrible en la ciudad.

No se porque gire la cabeza un poco a mi derecha. Tal vez fue una sensación algo extraña que me impulso a ver hacia un lado. Cerré y abrí los ojos varias veces. Me parecía una alucinación. No me drogaba, así que deseche esa posibilidad. “Debe ser mi estado de ánimo”, me dije. Era una chica como de mi edad, o algo más joven. También estaba en el borde del puente, unos metros más allá. Tenía los ojos cerrados extendiendo sus manos, y su cabello rubio, me parecía, suelto flotaba en el viento. Era de piel clara y vestía un polo y un blue jeans. Pensé que si ella, tan bonita, se iba a suicidar, yo no tenía esperanza. Miré hacia abajo, donde los dos íbamos a terminar. Por que no acercarme a ella y desde allí hacerlo juntos. No. No se que me pasó. Era injusto que esa chica bonita se matara y yo pensando matarnos juntos. Me aleje del borde y caminé hacia ella.

Cuando llegué donde ella, aún estaba en la misma posición y ya no me parecía una alucinación, era muy real. Solo estaba mirándola. ¿Qué crees que haces?, me preguntó sorpresivamente. No se había movido ni abierto los ojos. No sabia que decirle, es decir, que le dices a alguien que se va a suicidar, ¿que no lo haga, cuando tu también lo vas a hacer? Después pensé que ella no se iba a suicidar sino que solo estaba en ese lugar para… ¡no lo sé! “No lo sé. Solo no quiero que lo hagas, lo que piensas hacer.”, le dije. La garúa se había detenido pero la niebla era más espesa. Parecía que estábamos entre nubes. “Quiero acabar con los problemas. Eso quiero hacer”, me replicó.

“No acabarás con los problemas, solo contigo”, dije. “Tú has venido a lo mismo.”, ella abrió los ojos y volteó sobre su propio eje. Continuaba en el borde del puente y me miraba. Tenía una infinita tristeza en su rostro, como cuando despiertas de un sueño triste. “Tal vez soy yo un problema y vengo a terminarlo.”, me dijo. “Sólo no lo hagas, no ahora.”, le pedí. “Debes estar loco para pedirme eso.”

“¿Loco?”, le replique, “Claro que lo estoy. Debo estarlo. Talvez siempre lo he estado.”

Le sujete una mano. Ahora estaba un poco molesta. Se le veía en su rostro. Se podría arrojar al abismo y yo no tendría la fuerza para sujetarla. Pero caminó hacia mí lentamente. Empecé a caminar llevándomela en silencio. Caminamos por horas hasta que pensé ir a mi cuarto, el sitio de tres por tres que alquilaba. No habíamos hablado nada, y tampoco le dije hacia donde íbamos. Ella tenía mucho frío pues tiritaba y temblaba la mano que yo sujetaba y que no quería soltar pues me parecía que aun estaba al borde del puente. Llegamos con la mano libre abrí la puerta, ahora ella la que no me soltaba. Casi amanecía y estaba tan cansado que solo quería dormir. La senté en la cama y me soltó. Cerré la puerta y eche llave. No se porque eche llave, tal vez tenia miedo que se vaya y me deje la sensación de un mal sueño. Pero deje las llaves en mi mesa, no quería asustarla. Me senté en el suelo apoyado en la pared, frente a mi cama, donde estaba ella. No sé cuando, pero me dormí.

Desperté pasado el medio día. Miré mi cama y estaba vacía. Sonreí pensando que lo había soñado. Me paré y me eche en la cama pesadamente. Al echarme sentí en mi espalda un papel o algo así. Si era un papel con algo escrito. “Quién quiera que seas: Tengo que irme.” Allí sonreí nuevamente, si era verdad. Pero que fea nota, “tengo que irme”, bromeé remedando. Como a las seis salí hacia mi trabajo. Mi labor era estar sentado seis horas en la boletería de un cine vendiendo las entradas. El sueldo era miserable pero me ayudaba a vivir. Allí recordé una de las razones por la que iba a suicidarme. Casi terminado mi horario, tomé la determinación de matarme. Ahora sí. Regresaría a mi cuarto y dejaría todo en orden, de nuevo, e iría al puente. Me pregunte mil veces para que había salvado a la chica, o si ella me había salvado a mí.

Llegué a la una de la madrugada y desde la esquina de mi casa miré en las escaleras del vecino una silueta que se me hizo familiar. Era la chica, “¿qué haces?” le pregunté. Encogió los hombros y me miró como pidiéndome unas palabras. “menos mal que llegaste.”, me dijo. Tenía la voz, como explicarlo, era suave, pero tenía ago así como saltos, como si las palabras chocaran con algo en su garganta. Le dije que subiera conmigo. Ni un sí ni un no, solo fue tras mío. Intenté conversar algo con ella pero parecía molestarse cuando le preguntaba algo. Me quede callado. Ella se echo en mi cama. Y me llamó. “¿vas a dormir en el suelo otra vez?”, preguntó mirándome algo irritada.

“Te molesta?”

“No, asi tendre la cama para mi sola, pero no me gustaría aprovecharme de ti.”

“¿Aprovecharte?”, pensé un momento que quería acostarse conmigo por agradecimiento y reconsideré la idea de tirarme por el puente.

“Solo ven”, dijo moviendo una mano.

Me senté a su lado en la cama, ella me miraba fijamente. Pensé que si quería tener sexo, era su problema. En ese momento no tenía ganas de nada.

“No puedo encontrar trabajo. Y además, mis padres se acaban de divorciar.”

Talvez estaba presentándome sus motivos para intentar el suicidio. La mire por vez primera como mira un hombre a una chica que pasa por la calle. No era fea. Era simpática, hasta bonita, diría yo. Vestía una falda hasta las rodillas, pero de la manera como estaba echada en mi cama, dejaba ver unos bonitos muslos, y además su escote era muy generoso. Tal vez si tendría ganas de tener sexo con ella, claro, si ella seguía con esa intención.

“Que raro, yo odio mi trabajo, y quisiera saber que diablos hacen mis padres estos días, no los veo hace mucho”

“Estaba esperando que te tiraras…”

Me reí, era increíble, me contó como había llegado con la determinación de lanzarse pero cuando me vio al borde del puente, esperaba que me tirara para ver como quedaba al fondo, en el río. Tal vez luego ella lo haría.

“¿Qué diría tu novio si supiera que estas en la habitación de un extraño, y además en su cama?”

Su carcajada me dejó helado, era tan fría, tan cortante.

“El idiota se tira a mi prima, así que no le importará mucho. Además no eres un extraño. ¿Y tu novia?”

“No tengo. La última que tuve me dejó porque no tengo un buen trabajo, no gano mucho.”

“Que pena, lastima que haya mujeres así….Oye, me voy…”, dijo parándose repentinamente.

“Pensé que te ibas a quedar hoy.”

“Si, pero, mejor me voy a mi cuarto, mi mamá me va a llamar y no quiero que ella me mate antes de suicidarme.”

“Es muy tarde, mejor te vas en la mañana.”

Tomé su mano. Ella se echó inmediatamente, y me dio la espalda. Antes de dormirse me pidió que la despertara al amanecer, yo la escuche entre sueños.

En internet, con una falsa Susana

Cerró la boca. Y casi se traga, junto con su orgullo, a toda ella. Lucho habia ido a una cabina publica de internet y cuando estaba navegando una chica que de pronto apareció le pregunto que como se entraba a internet. Justo estaba que bostezaba y por el roche tuvo que cerrar la boca como pudo. Y como pudo recuperó la voz, ayudándola. Era simpatica, algo alocada constataría despues. “Ay, es que recién empiezo”, decía; “Si, claro y a mi me interesa un montón.”, pensaba Lucho.

Seguía navegando, encontró una pagina interesante, era una que trataba sobre hacking, seguridad informatica y esas cosas que le interesaban, y cuando iba a empezar a leer, la vocecita de la chica de al lado lo sobresalto tanto que cerró la ventana. “Maldita sea, la conch…”, dijo entre dientes. La chica desentendida le preguntó si podía ayudarle a grabar un documento que tenía en su monitor. Una sonrisa coqueta (“propia de Susanita”, pensó) lo convenció de que no había porque molestarse.

Ayudó a la falsa Susana, y siguió leyendo su página.

Lucho en la casa de Susana

Lucho iba a la casa de Susana Chávez a estudiar siempre que podía, "Susanita la bonita", le habría corregido la coqueta de su amiga. Y es que Susanita, era la chica más coqueta con la que uno podría encontrarse en este mundo.

Era tan cariñosa, tan amiguera, como había dicho Edson Farro - el único hombre cuya estado natural era estar enfermo - "Susana tiene una vida social increíble", y era tan calentona que por mas que uno no tuviera malos pensamientos ella los provocaba. Y tenia tan buen cuerpo…ya el chino Ríos - no el tenista chileno, sino uno de los compañeros de la universidad de Lucho - tenia su frase para ella: "ese culo me enferma". Y no había el que no decia que era una "calientahuevos".

Y a Lucho también le enfermaba, ese trasero, esa parte de atrás. Y allí estaba, media hora después de que Susana con voz melosa y coquetísima ella, le pedía, "Ya pues Luchito, ¿estudiamos juntos?, tienes que venir porque tienes que enseñarme, por favor no seas malo". Y Lucho haciéndose el cansado, el interesante, Lucho el malvado, para después de unos instantes decirle que si que ya iba. "Ya Luchito, entonces nos vemos.", y él "ya Susi, nos vemos.", maldiciéndose por no poder negarse, y a la vez pensando, "cuanto tiempo me duraras ahora, Susi". Y es que Susanita se quedaba dormida a las dos horas de empezar a estudiar. Para ella no era el estudio. "Ay, es que yo no sé que me pasa, Luchito. Por mas que quiero no puedo quedarme despierta.", y Luchito palteado por que el se quedaba con todos los libros y Susanita durmiendo bien tranquila frente a él, y ahora empezaba a distraerse con la enfermedad del chino Ríos, por que Susana se había enrollado como un ovillo en el mueble para dormir mas cómoda y cómo se su deliciosa parte de atrás.

Y Lucho entre los libros y la parte de atrás de Susanita, y unos pensamientos que se le prendían de la cabeza y los libros y mañana el examen, y Susanita que se quedo dormida, y su parte de atrás que se nota un montón. "Y que buena que estas Susanita", pensaba Lucho, "y al diablo con el examen, yo también voy a dormir antes que te viole."

Y en ese momento la criminal de Susanita que se levantaba y le decía "Luchito!", por que ella siempre le decía Luchito, solo le decía Lucho o Luis cuando el se pasaba de listo o se molestaba. Y a todos sus amigos les decía su nombrecito, les ponía su "ito", toda coqueta, simpaticona, la Chávez, porque ella era así, y nadie la iba a cambiar. Y eso decía Lucho, y pedía que nunca cambie. Aunque ahora la maldecía porque ya se dormía y la Chávez que se despertaba y le decía todo seria, pero en broma, "no te duermas Luchito, tienes que estudiar", y Lucho de la cólera y del sueño no le decía nada.

La chica de la tienda

Ya la había visto antes, total siempre iba a esa tienda. Era chata, y tenía un lindo rostro con unos ojos color caramelo que le gustaban mucho.

Un día la invitó a salir,ella accedió si iba con una amiga, él lo pensó bien, podía decirle que sólo quería salir con ella, pero si le decía eso, la chica se podía sentir presionada o acosada en el peor de los casos. Aceptó la condición, salieron a comer un ceviche. Los tres.

La amiga era un poco antipática, hablaba poco, y la mayor parte de cosas que sólo entendía ella, él estaba perdido. Pero trató de jalar el tema de la conversación hacia un tema más conocido por él. Al terminar, se despidieron, el se quedó entre tonto y buena gente, pero se presumió asimismo de haber podido saltar la valla de la amiga antipática.

Al día siguiente volvió a encontrarla. Le sonreía de modo diferente a los otros días. Casualmente le sugirió que podían salir otra vez. Eso le alegró mucho. Espero pacientemente un par de días y volvió a invitarla.

Ella volvió a pedir que fuera con su amiga. Esta vez él se resistió un par de veces, antes de ceder y volvieron a salir los tres. A comer ceviche, una cervecita también. La amiga antipática estaba menos predispuesta a malograr la salida.

Al terminar, pensó que quedaba entre buen amigo y proyecto de algo más que amigo. Sentía que avanzaba, pero no quería acercarse demasiado como amigo, sino todo saldría mal.

Tercer intento: la invitó a cenar. Esta vez ella no dijo nada de su amiga. Eso era lo que él esperaba. Fueron a un restaurante donde pidieron parrilla y conversaron acerca de Julio César, Cleopatra y Marco Antonio. Ella se declaró romántica y él por no quedarse atrás dijo que en ocasiones se podría morir de amor. Tal vez por ella.

Ella abrió sus ojos caramelo y lo quedó observando antes de seguir hablando de Cleopatra. Bajó los ojos y dejó de hablar de la reina de Egipto para decirle que le parecía conocerlo desde hace años. Eso causó que él tuviera dificultades para pasar el trozo de carne que en ese momento estaba en su boca. Ella siguió hablando sin levantar la mirada, diciendole que él era el tipo de hombre que le gustaba, pero que la confundía mucho, él no podía pasar el trozo de carne y no podía responder. Lo logró, y le tomó de la mano.

Le dijo que ella le gustaba mucho, y que quería conocerla mejor, ser mucho más que un amigo. Cuando ella levantó la mirada, se dió cuenta que tenia los ojos caramelo inundados de lágrimas. Se levantó y se fué corriendo del restaurante. Parecía una escena de una telenovela. No le dolió que lo dejara solo mientras los demas comensales lo miraban extrañados, seguramente algo le pasaba y él tenía que averiguarlo, porque ella le importaba.